Tendemos a pensar que una buena dieta es aquella en la que no se ingieren grasa y por tanto “no se engorda”.

Es uno de los tópicos de la dietética más extendidos entra la población pero es totalmente falso. Una dieta en la que uno de sus pilares está ausente, nunca será buena.

A la hora de comer debemos prestar atención a lo que tomamos pero no sólo a las grasas. Es cierto que no hay que abusar, ni de las grasas ni del resto de nutrientes, pero tampoco nos debemos quedar “cortos”. Hoy en día, está demostrado que el primer causante de la obesidad es la excesiva ingesta de azúcares, encontrándose en segundo lugar las ingesta excesiva de grasas poco saludables (bollería industrial, grasas modificadas…). ¡Esto es lo que nos tiene que preocupar!

Según los estudios, un individuo debe tomar al día una cantidad determinada de energía (kilocalorías), de las cuales un 35% corresponde a los lípidos por tanto son obligado para una dieta equilibrada.

Y es que, entre otras cosas, la grasa (y en mayor medida el colesterol) es necesaria para dar vida a esos pequeños seres cargado se energía que trabajan por y para nosotros. Las células.

Somos los únicos responsables de su, y por consiguiente nuestra, SALUD.

 

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