En la consulta es común escuchar frases del tipo: ¿me pones plátano en el menú con lo que engorda?, ¡pero si puedo tomar legumbres y antes las tenía prohibidas!, la pasta engorda…

¡¡No, no y no!! No podemos utilizar la palabra engordar como un apellido a determinados alimentos. En todo caso, somos nosotros los que engordamos al hacer un mal equilibrio energético. Porque es ahí donde está la clave y no en ciertos alimentos (refiriéndonos a aquellos que se forman parte de la dieta mediterránea: pan, pasta, legumbres, fruta).

Imaginemos una balanza. En el lado izquierdo situamos la energía ingerida (Kcal) y a la derecha la energía quemada (deporte o el propio gasto energético del metabolismo). Si se encuentra en equilibrio tendremos como resultado un peso que no varía. Pero si la balanza se inclina hacia la izquierda, a favor de la energía ingeriada, el resultado es muy diferente: ¡aumento de peso!

 

¿Qué hacemos entonces?

Al día hemos de tomar una cantidad de Kcal acorde a nuestra actividad y distribuida correctamente a lo largo de las horas.

Alimentos como la pasta, determinadas frutas, chocolate negro, legumbres, patatas… los podremos tomar cuando formen parte de la energía que necesitamos al día, como cualquier otro alimento.

En el momento en que sean consumidos como un “añadido” será cuando veamos efectos indeseados.

CONSEJO: planifica los menús con antelación y cíñete a los horarios, será mucho más fácil evitar “los añadidos”.

 

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